Ah, el ensayo para la solicitud de ingreso. ¿Por qué resulta tan angustiante para los alumnos de todo el mundo? ¿Qué tema debo elegir? ¿A o B? ¿Puedo impresionar al personal de admisión? ¿El ensayo puede llegar a ser demasiado personal?
No recuerdo exactamente cuándo decidí postularme para la Acción anticipada del MIT. O exactamente por qué. Creo que fue ese sueño que deseaba hacer realidad más que otros. Y así comenzó la temporada para enviar la solicitud de ingreso a la facultad.
La entrevista fue en el Cosi, en la calle 13 y la avenida 6, con Steve, un joven recién graduado. Siempre me pongo nerviosa en las entrevistas. No recuerdo nada más sobre Steve (¿pertenecía al Curso 15 o al 14? ¿conocía Nueva York?). Aunque le gustó el dibujo que hice mientras lo esperaba y se mostró asombrado cuando le respondí sobre mi familia y mi crianza. Es decir, se sorprendió muchísimo al saber que llegué tan alto en la escalera de la vida. Me fui una hora después con la sensación de que me había ido bastante bien.
Y, por otro lado, el ensayo. Como cualquier buen postulante, pasé semanas pensando y trabajando en el ensayo. Y revisándolo. Una y otra vez. La fecha de presentación en línea era el 1 de noviembre. Poco antes, sucedió algo increíble.
El sitio de Internet colapsó.
¡NO! EL SITIO DE INTERNET COLAPSÓ.
Si mal no recuerdo, no se perdió ningún dato. Pero debido a las molestias ocasionadas, nos dieron unos días adicionales para presentar nuestras solicitudes. La fecha de entrega se pasó al 4 de noviembre a las 11:59 p. m.
¡SÍ!
(También conocido como: “¿Sabes cómo postergar? Pronto lo sabrás”.).
A veces me pregunto si lo que ocurrió luego fue un giro fantástico del destino. ¿Cuánto habría cambiado si lo siguiente no hubiera pasado?
Ese viernes a la tarde, me di cuenta de que no estaba nada conforme con mi ensayo. Estaba tan disconforme que me parecía que ya no tenía arreglo. Así que, a solo unas pocas horas de la fecha de entrega (¿quizá el sitio volvía a colapsar?), comencé a escribir el ensayo desde cero. Las siguientes dos o tres horas fueron parte de una noche de escritura frenética, revisión de amigos y pánico creciente. ¿No hubiera sido mejor enviar el ensayo que ya había revisado innumerables veces?
Presenté al MIT el nuevo ensayo, y el MIT me admitió.
Para aquellos que recién comienzan a enviar solicitudes, que están trabajando en sus ensayos en este preciso instante y quizá para aquellos que solo quieren saber cómo es un ensayo para ingresar a una facultad, compartiré el mío. Me conocerán mejor durante el proceso, ya que esta es, en realidad, la función que cumple el ensayo, ¿verdad? :)
(Si por casualidad la Srta. Cleary está leyendo esto, bueno… mmm, ¡hola! Mire adónde llegué. :D)
Como vivía en el Lower East Side, lleno de grafitis, me adapté sin inconvenientes a un estilo de vida de bajos ingresos. La escuela secundaria Stuyvesant realizó un buen trabajo haciéndome sentir una marginada.
Inmediatamente, la Srta. Cleary me dijo: “Si presentas una copia de los formularios de impuestos 1040, puedes obtener una exención económica”.
“Mis padres no tienen formularios de impuestos”, respondí sin rodeos. “No los completan”.
“Seguramente los presentan”, dijo. “Todos lo hacen”. Luego de unos minutos de una discusión en vano, me fui de la oficina de la facultad sin buenos resultados. Pagaría por los exámenes SAT II nuevamente.
Aun con una exención económica, postularse a la facultad es costoso. Es costoso enviar los resultados del examen a más de cuatro facultades. Las tarifas de los exámenes avanzados son menores pero no gratuitas, y me encantaría saber quién fue el genio que decidió cobrar la solicitud para recibir ayuda económica. Cuando acudí a la Srta. Cleary para que me ayude con el “CCS Profile” (no sabía adónde indicar los ingresos para cupones de alimentos y asistencia social), me preguntó a qué escuela me estaba postulando.
“Al MIT”, le respondí.
“Ah, ¿al MIT?”, preguntó. “Qué irónico que quieras ingresar al MIT y no puedas completar un formulario…” No creo que la administración de mi escuela sea muy comprensiva o cordial.
Mi familia se esforzó para pagar la cuota de USD 57 de mi escuela media. Cursar el último año en Stuy es mucho peor. Hasta ahora, las clases de este año representan un gasto total de USD 270 en libros de texto, cuadernos de ejercicio, materiales artísticos, etc. Cuando los profesores preguntan si alguien tiene alguna dificultad para pagar los materiales, nadie habla y se genera un silencio incómodo.
Si bien los costos académicos están cubiertos, los recuerdos de la secundaria no son gratuitos. Los anuarios cuestan entre USD 86 y USD 230. Seguramente lleve un vestido usado y llegue al baile de promoción en metro, que probablemente me cuesten otros USD 160. No voy a obtener un anillo de graduación.
Casi todos mis amigos llevan USD 10 o USD 20 por día; con suerte, yo llevo USD 5. La mayoría de sus padres son de clase media a alta: maestros, abogados, programadores, médicos, escritores, trabajadores sociales o científicos. Mi madre tiene licencia por enfermedad. Algunos de mis compañeros provienen de escuelas privadas y muchos compran libros para prepararse para los exámenes y han realizado costosos cursos para rendir el SAT desde la escuela media. No logran comprender mi situación; la mirada perdida y desconcertada que tienen al saber que no tengo televisión por cable, teléfono celular ni aire acondicionado me sorprende.
“Lo hacemos porque queremos que seas feliz”, me decía mi abuela cuando me daba USD 60 para asistir a un viaje escolar con descuento. Aun en un país regido por la clase socioeconómica, creo que la felicidad y la perseverancia son suficientes para alcanzar el éxito. Aunque use pinturas y pinceles de segunda mano en las clases de arte, sé que mis pinturas van a ser igual de asombrosas.
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